Érase una vez una princesa que no tenía reino. Decidió irse a recorrer mundo para encontrar tierras en las que poner su trono, pero lo único que conseguía la princesa eran castillos en el aire. A ella no le importa, sigue empeñada en buscar su reino, aunque sólo pueda cargarse de castillos en el aire. Hasta que un día se le caigan y la aplasten.
jueves, 6 de junio de 2013
jueves, 13 de diciembre de 2012
de repente
Y de repente irrumpes de nuevo en mi vida. Apareces otra vez como si nunca te hubieses ido. Como si todos estos años hubiesen sido a penas unos días de una semana que todavía no ha acabado. Me haces volver a creer en todo lo que fuimos. Vuelves a llenar mis listas de llamadas y de mensajes mi buzón. Por un segundo vuelvo a creer que antes de dormir tu último pensamiento soy yo. Vuelvo a sentir como si pudiéramos estar juntos para siempre, luchando juntos contra el mundo. Como si pudiera cerrar los ojos, soplar esa pestaña, abrirlos y ver que sigues siendo real.
martes, 11 de diciembre de 2012
los duendecillos y las parcas
La vida
está compuesta de pequeñas bromas. Cada día estoy más convencida
de que en algún lugar del remoto universo un duendecillo corretea
entre los hilos que cuidadosamente tejen las tres parcas. Ellas no
saben lo que están tejiendo, tan solo tricotan, una y otra vez,
sonando sus agujas igual que suenan ahora las teclas de mi máquina
de escribir. Tejiendo hilos sin sentido, tan solo impulsadas por la
fuerza de algo que no puedes dejar de hacer porque hace tanto que lo
haces que no hay fuerza en el mundo capaz de pararte, aunque ya
no seas consciente de lo que tienes entre las manos. Míralas, tres
viejecitas decrépitas, con la cabeza ladeada, los ojos semicerrados
y conteniendo cada uno de sus suspiros no pueden dejar de mover sus
endebles bracitos y las agujas que se encuentran al final de estos.
Los hilos salen de entre sus dedos, nuevos y brillantes, pero
enseguida se mezclan con el polvo acumulado de años en el suelo. En
ese mismo suelo se encuentran unos pequeños seres, delgaduchos o
regordetes, pero siempre saltarines. Enredan hilos, desenredan
madejas, cortan hebras. Se esconden entre los ovillos, se lanzan los
flecos que sobran. Parecen sumidos en inocentes juegos, ellos saben
perfectamente que sus danzas entre los pies de las parcas están
cambiando nuestras vidas.
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| Un hilo de oro, John Melhuish Strudwick |
lunes, 26 de noviembre de 2012
Amor literato
En cambio, aquellos personajes de romance, aquellos galanes y galanas, vivían en la eternidad de días que no acababan, en noches que se alargaban en un amanecer que nunca llegaría. Besos distantes, abrazos imperceptibles... Era el amor de los poetas, el amor literato.
martes, 13 de noviembre de 2012
Instrucciones para llorar
Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Historias de Cronopios y de Famas, Julio Cortázar
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miércoles, 7 de noviembre de 2012
cuatro puertas
"Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda puerta es el olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que "el tiempo lo cura todo" es falso. El tiempo cura la mayor parte de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera puerta es la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es sólo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad. La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño. O eso nos han enseñado."
sábado, 3 de noviembre de 2012
fake plastic trees
Haber escuchado mil veces una canción y darse cuenta de repente, un día, que en ese preciso instante parece que está escrita para ti. Y no poder dejar de escucharla, una y otra vez, en una triste y lluviosa tarde de otoño.
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